La información disponible acerca de
nueve países en desarrollo sobre la proporción de tiempo dedicado por hombres y
mujeres al trabajo dentro y fuera del mercado laboral, indica que los hombres
emplean un promedio del 76 por ciento de su tiempo en trabajos dentro del
mercado laboral y un 24 por ciento en trabajo fuera de él, mientras las mujeres
dedican un 34 por ciento de su tiempo a trabajos dentro del mercado laboral y
un 66 por ciento fuera de él.
Las mujeres han cambiado su
percepción de sus propios roles como madres y como trabajadoras y se han
incorporado al trabajo asalariado en busca de una valoración social y de
independencia económica. Sin embargo, en el conjunto de la sociedad no se ha
producido una transformación similar. Así “el mercado de trabajo sigue
estructurado de acuerdo a la pauta masculina de trabajo a tiempo completo
durante toda la vida adulta y la organización socio-económica se mantiene sin
cambios significativos durante estas décadas: jornadas laborales, vacaciones
escolares, servicios públicos, etc., siguen funcionando bajo el supuesto de que
‘hay alguien en casa’ que cuida de niños, ancianos, enfermos, lo cual se ha
traducido en una continua presión sobre el tiempo de las mujeres. Por su parte,
los hombres como grupo humano tampoco han respondido a la nueva situación
creada y el trabajo familiar y doméstico continúa siendo asumido
mayoritariamente por las mujeres”. Aunque en las últimas décadas se ha
producido una transferencia de parte del trabajo de reproducción al sector
público y al mercado, una parte importante de dicho trabajo continúa siendo
responsabilidad de las mujeres y aparece como esencial para el buen
funcionamiento social.
Diversos estudios han constatado que
“el tiempo destinado al trabajo remunerado es la actividad más prolongada
(después del sueño) de una parte de la población, pero en su conjunto, el
tiempo destinado a trabajo no remunerado (trabajo doméstico, fundamentalmente)
es aún mayor que el anterior”. Esto no supondría un problema si se dedicara
poco tiempo al trabajo no remunerado, o si en caso contrario, la dedicación se
repartiera de igual forma entre grupos sociales, países, sexos, etc. Como no
sucede así, resulta de interés analizar las implicaciones que tiene este hecho
en la economía.
Distribución de actividades en
un día promedio, por sexo.
Actividades
Cuidados personales (incluye comer y
dormir)
Varones 11:24
Mujeres 11:20
Trabajo y estudios
Varones 4:26
Mujeres 2:35
Hogar y familia
Varones:1:29
Mujeres: 4:29
voluntario y reuniones
Varones: 0:11
Mujeres: 0:16
Tiempo libre
Varones: 5:15
Mujeres: 4:13
Trayectos y tiempo no especificado
Varones:1:16
Mujeres:1:07
Los hombres efectúan trabajo
remunerado (o estudian) casi dos horas más que las mujeres, y éstas disponen de
una hora menos de tiempo libre, debido al mayor trabajo doméstico que realizan:
cuatro horas y media frente a una hora y media que realizan los hombres.
Aún así, no todas las personas
participan de igual modo en la realización de las actividades cotidianas. El 44
% de los hombres (de 10 y más años) trabaja y lo hace en media durante más de 8
horas, mientras que sólo trabaja un 26 % de las mujeres y, además, casi una
hora y media menos que los hombres. El 93 % de las mujeres realizan tareas
domésticas y de cuidado de niños y ancianos durante casi cinco horas diarias,
mientras tan sólo el 70 % de los hombres participa en dichas labores dedicándole
únicamente dos horas al día. En relación a las tareas de voluntariado y ayuda a
otros hogares el porcentaje de mujeres que las realizan supera en 5 puntos a la
proporción de hombres, aunque ambos (si participan en dichas tareas) dedican un
tiempo similar. Las tareas del hogar se realizan con la misma intensidad
durante todos los días de la semana, pero, aunque los fines de semana los
hombres dedican un poco más de tiempo al trabajo doméstico, las mujeres sólo
ven disminuida su carga en poco más de 15 minutos (INE).
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